Recuerdo escuchar por primera vez el término holístico relacionado con la medicina en 1998 cuando me matriculé en mi primera escuela de acupuntura. El “holos”, lo global, implicaba tratar o considerar todos los niveles del paciente, desde lo físico a lo espiritual se decía. Me chocó la afirmación dado que venía y sigo practicando de la meditación y acostumbrado al arte de darse cuenta, fue una sorpresa que se comentara lo global sin un atisbo de practicar el cómo. Entendí que hablar de “holístico” no tiene nada que ver con serlo.

Ni que decir tiene que este concepto, fue recogido por todos los alumnos con entusiasmo y aceptación. Diría que incluso hoy en día, lo holístico, es una especie de mantra repetitivo que no se pone en duda aunque no se entienda ni perciba el significado ni llame la atención la incongruencia de esa exposición. No importa: lo importante es creer.

La trampa estaba servida desde el inicio porque tratar o considerar todos los niveles del paciente, para así ser holísticos, implica no sólo conocer esos niveles sino también vivenciarlos. Es esta la pista, vivenciarlos, para desenredar el nudo y posicionarnos claramente en la dirección adecuada.

Físico, emocional, energético, espiritual… y así “ad infinitum”. Podemos perdernos en debatir o convencer de que tal nivel es más importante que otro o que existen algunos que nunca se consideran o que el nivel cuántico es el único o que el familiar es el vital. Debate estéril… típico de reuniones, comidas en los encuentros y peleas de gallos.

La cuestión desde aquel día de 1998 es que sorprende que si alguien jamás se acerca a su interior, al silencio, al descubrimiento del Yo y su naturaleza, a la interrelación de todos los fenómenos, pueda tratar el holos, lo global, en otros, cuando ni siquiera lo percibe y busca en sí mismo.

¡Cómo vas a tratar el holos si te excluyes tú del mismo!

Y he aquí el gran dilema de nuevo. Las Escuelas tal como citamos en el anterior artículo se centran en las técnicas y en los clientes usuarios de las mismas, pero no el desarrollo de los terapeutas que forman. Basta mirar los programas para darse cuenta de que lo dejan al libre albedrío personal por el que uno decide, desde su yo limitado y desde multitud de creencias previas, el camino que le lleve a lo holístico. Acaso aparecen algunos créditos libres donde se dan pinceladas… porque lo que importa es que el terapeuta llene su mochila de arsenal nuclear para utilizar con el paciente.

De hecho cada semana nacen nuevas terapias, a cual más poderosa y novedosa, por la que los terapeutas siempre sueñan poder ayudar más y más a sus pacientes.

En ocasiones estamos tan confundidos que creemos, de nuevo creencias, que si hacemos un poco de Qi Gong, unos estiramientos, unas asanas y unas respiraciones y un par de mudras ya estamos en el holos. No funciona así y no porque respirar o estirar sea erróneo, sino porque implica mucho más. ¿Acaso una postura enfocada desde una activación de un “meridiano” me dota de herramientas reales para enfocar la terapia desde una visión diferente y completa? Sin duda no… ¿Acaso cerrar los ojos de vez en cuando y relajarse y observar la mente es meditación? ¡Nada que ver!

La terapia si pretende ser holística, deberá incluir aquellas dimensiones que se escapan y enfocan de la noción del individuo. Estamos tan abducidos por el “individuo” que todo, incluso lo holístico se centra en él, en un oxímoron sin sentido.

La terapia no es únicamente el encuentro entre un terapeuta que sabe, trata o cura y un paciente que recibe consejo, guía, o remedios. No es el lugar en el que uno habla lo que sabe y otros escuchan sobre lo que desconocen. Tampoco es el lugar en donde uno pregunta al cuerpo del otro y éste le responde en códigos que emite su “subconsciente”. Ni por supuesto es solo el espacio en donde uno recibe paternalismo, maternalismo o humanos reconvertidos en gurus enviados de los cielos y admirados solo dentro de sus recintos.

La terapia es sobre todo el lugar del No saber, del encuentro numinoso con el otro, del reconocimiento de dos seres que están en proceso de muerte y que se perciben ambos por fin en el camino.

La terapia si busca lo holístico de verdad implica dejar de ser el lugar de las certezas y correcciones, para pasar a ser el sitio en donde uno abraza la incertidumbre, se engancha por fin a la presencia y se da cuenta, por fin, de que no se había dado cuenta de mucho, ya que esto de darse cuenta, implica una metodología, una perseverancia y una constancia que no nos habían indicado.

La meditación imbricada en la terapia, no para crear caritas de Buda y poses con mudras, sino para afrontar el misterio de la enfermedad, el dolor y el sufrimiento es una vía que ataca y se baña en lo holístico.

Holos porque empieza en uno mismo, en ese terapeuta solitario, que tiene dolores y enfermedades que no se explica, pacientes que no siempre sanan y preguntas que nadie le responde.

El camino del terapeuta es la vieja metáfora del enfermo que baja al inframundo para curarse y viendo allí sus propias miserias vuelve de ahí abajo… sin curarse, sí, sin curarse, pero enamorado y entregado al Logos, la naturaleza y la vida.

Un camino holístico no necesita hablar mucho de entidades misteriosas ni centros energéticos ni bloqueos desconocidos que esconden juicios, sino una actitud, fuerza de vida, regulación emocional, sentido de la existencia y capacidad de compasión que solo una vía profunda puede aportar.

Curiosamente esta fuerza no cura nada, pero sana y deja huella en otros y en ti, desde la cual, todos somos transformados, al despertar a lo esencial que está aquí y ahora, en todo momento.

El camino del terapeuta necesita que éste se enfoque por fin en sí mismo, en descubrir la naturaleza de su mente, lo futil de sus proyecciones, la ingente cantidad de creencia arraigadas sobre cómo deberían ser las cosas, la alta dosis de sufrimiento innecesaria, la máscara de terapeuta, las expectativas sobre el otro, la frustración del día a día, la ansiedad de la incertidumbre y el apego – rechazo a las técnicas que conoce.

Sin esa mirada lo holístico será un bosque, que de observarlo como tal nos llevará a chocarnos con un árbol que estaba aquí, justo delante, ahora.

Tú decides si tu proceso es importante de verdad.

 

By Jose Sánchez

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