¿SABES OBSERVAR Y ESCUCHAR A LOS PACIENTES?

EL LENGUAJE NO VERBAL EN LA CONSULTA

 

Los seres humanos poseemos Teoría de la mente, es decir, la capacidad para inferir y atribuir intenciones y pensamientos a otras personas, por tanto comprender el estado mental propio y del prójimo. De no poseer teoría de la mente, apenas podríamos socializar.

En terapia nos relacionamos, lo queramos o no, emitiendo y recibiendo información a través de gestos, posturas, silencios, movimientos, expresiones y palabras.

Es curioso que queramos conocer el estado de un punto, la fuerza de un canal, el origen de un síntoma, la sutileza de un pulso, el significado de una lengua y la idoneidad de una planta y se nos pasen por alto miles de informaciones como las palabras, las miradas, los gestos, los signos, los emblemas, los movimientos, las expresiones faciales emocionales y cognitivas, los deslices verbales, las distancias, el tacto y un sinfín más de datos. O quizá aún peor, creamos que sí, que conocemos todo eso o que por intuición mágica lo captamos.

Analizar el comportamiento humano es una rigurosa ciencia que bebe de los estudios e investigaciones, principalmente policiales y de inteligencia, y secundariamente psicológicos, para poder inferir sobre el otro su actitud, personalidad, intención, emociones y pensamientos.

Curiosamente para el terapeuta esta habilidad se transforma en un increíble apoyo diagnóstico y como acompañante asegura una relación nueva con el otro dado que ahora sí, leemos lo que no se dice con palabras.

El comportamiento del paciente en todo momento deja huella dado que es imposible no emitir información. Si estamos quietos y en silencio ya decimos mucho. Pero es tal la avalancha de información que transmitimos, como especie hipersocial que somos, que necesitamos ordenarla para descodificarla. En nosotros funciona igualmente dado que podemos ver el efecto que ejercemos en los demás si atendemos bien a su conducta.

Un canal de observación posible es el contenido verbal de los mensajes. A pesar del mito (falso) de que el 93% de una comunicación es no verbal, las palabras en su contenido muestran acciones, intenciones, ausencias, lapsus linguales y diferentes atribuciones. Escuchar bien al otro y ser capaces de realizar una análisis cualitativo de lo que se dice es una herramienta a estudiar.

No solo qué decimos, sino cuanto decimos es parte de mi comportamiento. Al igual que tenemos un patrón específico al teclear en nuestro portátil, de forma que se usa ya actualmente como un reconocimiento de personas, utilizamos un vocabulario específico en diferentes circunstancias.

Pero no solo cuanto sino que cuando hablamos un mensaje es una información a considerar. Con frecuencia de 10 datos que comenta una persona lo importante, lo realmente crucial, siempre se emite en una posición concreta. Si lo desconocemos, trataremos todos los datos con igual intensidad, perdiendo información.

La escritura no solo el lenguaje verbal también es motivo de análisis, dado que no escribe la mano… sino el cerebro. La persona depresiva en sus acciones, lo es cuando escribe a mano o firma. Ante una situación emocional tensa o agitada, o por ejemplo al engañar, escribimos con diferente presión sobre el papel. Un análisis serio de este canal nos brinda excelentes vías de conocimiento del otro.

No solo lo verbal y lo escrito deja huella y es observable. Lo no verbal, tiene unos orígenes evolutivos muy antiguos, al menos como mamíferos que somos, y ofrece un sinfín de datos e informaciones sobre nuestro comportamiento.

Uno de los canales más importantes es la expresión facial. El rostro humano, a través de 42 músculos puede realizar hasta 10000 expresiones diferentes. Con el rostro emitimos constantemente información, tanto emocional como cognitiva, que en gran parte escapa a nuestro control. ¿Quiere ello decir que uno podría entender en el otro información que no es consciente para esa persona? La respuesta es: SI. La hipersocialidad no es un mantra, sino una realidad. A nuestro cerebro le bastan 17 milisegundos para percibir miedo, interés, atracción o ira. ¿Sabemos leer el rostro del paciente cuando se queja, cuando dice la verdad, cuando dice no saber, cuando expresa dolor, desesperación, miedo, culpa, vergüenza, frustración o amargura? ¿Qué hacemos si no estamos atentos a esa información? ¿Creer que no existe? ¿Intuirla porque nosotros somos especiales? ¿Qué hacemos si lo que dice es diferente a lo que parece?

Los gestos, aunque son más culturales que la expresión facial que se considera universal e innata, son otro muestra del comportamiento. Nuestras manos en gran medida, pero también el torso, piernas y pies reaccionan constantemente en las interacciones con los demás. De hecho, la mano es casi una extensión del cerebro. Ocupa una gran zona de la corteza somatosensorial, está muy cercana al área motora del lenguaje y se postula que hablar y gesticular es una acción casi conjunta. ¿Qué hace el paciente con sus manos y brazos cuando expresó tal problema? ¿Porqué unos son más activos que otros? ¿Cuáles reacciones son espontáneas, cuales fruto de una activación nerviosa, cuales se refieren a la vergüenza o el miedo? ¿Qué se mueve en cada caso, las manos, los pies? ¿Hacia donde? ¿Cuánto tiempo? ¿Somos conscientes de todo eso?

Las posturas y capacidad de movimiento son otra rama del comportamiento no verbal. Mediante tan solo 6 puntos visibles del cuerpo de una persona podemos determinar el género, la emoción y el estado de ánimo? Nuestra forma de caminar, estar de pie o moverse habla por sí misma. ¿Cómo analizamos el movimiento? ¿Ágil como bueno, lento como malo? ¿O es algo más serio y elaborado?

El tacto es uno de los sentidos más primarios y vitales. La piel es un receptor sensorial de gran superficie y su entrada al cerebro es importantísima porque nos vincula con nuestro sentido del Yo, la posición en el espacio y la sensación de estar aquí y ahora en este cuerpo. Como, cuando y cuanto tocamos puede cambiar la adherencia a un tratamiento médico, la receptividad de una terapia, la confianza en una negociación o la percepción de profesionalidad de un ingeniero. No fueron los conocimientos sobre aleaciones, fobias o virus, lo que elevó la percepción positiva de ese ingeniero, terapeuta o médico, sino como utiliza la háptica, que así se denomina a la ciencia que estudia el con-tacto como canal de comportamiento no verbal. ¿Tocas o no tocas? ¿Dónde? ¿Cuánto tiempo? ¿Porqué? ¿En qué situaciones? ¿Qué efecto tiene? ¿Siempre calma?

El estudio de la distancia es otro gran apartado. La proxémica marca parte de nuestra conducta. En ocasiones nuestro nivel de agresividad se relaciona en parte con la proximidad mayor o menor en nuestras relaciones. La proxémica es muy profunda y su conocimiento permite transformar no solo reuniones o lugares de trabajo y vida sino incluso ciudades que entienden como se comportan las personas y parten por tanto de ellas.

La apariencia, lejos de sesgos clasistas, influye también en nuestra percepción de los demás en tanto con frecuencia esperamos que ésta sea acorde a la función social que ejercemos. Más allá de eso, el autocuidado nos informa claramente sobre los rasgos de personalidad del sujeto y en base a ello, qué podemos esperar y qué no. Como terapeutas nuestra apariencia influye en la percepción profesional que el paciente tiene de nosotros e incluso ejerce una persuasión positiva o negativa sobre el precio de la terapia.

La oculésica, lejos de los mitos de que quien mira para la izquierda miente y quien mira abajo recuerda, nos muestra grado de interés, atracción, emoción y atención  de modo que mediante la mirada inferimos de nuevo el estado mental de las personas.

Por último la prosodia del lenguaje, es decir, la entonación de nuestras palabras nos permite entender sarcasmos e ironías, metáforas y giros del lenguaje que sin ellos, no existiría la comunicación. De hecho aquellos que entiende literalmente el lenguaje suelen tener problemas en la comunicación y por ello abundan los malentendidos y riñas en redes sociales en donde no vemos ni escuchamos ni podemos apenas inferir las intenciones del otro. Nos falta la prosodia. Con el paciente sin percibir la prosodia no sabemos leer más allá de las palabras.

Como decíamos al inicio leemos y atribuimos pensamientos e intenciones a nosotros mismos y los demás. En tanto conocemos con rigor como mejorar nuestra capacidad de observación, profundizamos también en el conocimiento propio dado que seremos más conscientes del efecto de nuestros actos y expresiones en los otros.

La atención es el ingrediente fundamental. Pero no es tanto atender… sino saber a qué, cuando y cómo atender. Método, rigor y protocolo por tanto.

La atención especial se dirige al lenguaje cualitativo y cuantitativo, escritura, expresión facial, gestos, posturas, orientación, movimientos, proxémica, háptica, apariencia y oculésica…

¿Sabes observar a los pacientes?

Por Jose Sánchez.

CEO y fundador de Neuroleader. Neurocientífico experto en comportamiento humano. Tras analizar durante muchos años gestos y posturas en estudiantes de artes marciales y bailarines profesionales, implementó un entrenamiento específico en Comportamiento no verbal en el deporte profesional (FIFA, FIBA, UAEFA, AFC, JFA). Posteriormente estudió con los mejores especialistas de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado el comportamiento verbal y no verbal científico, creando protocolos específicos para la ayuda al otro, entornos de negociación y liderazgo.

 

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